miércoles, 3 de febrero de 2021

 

Perdiendo el PRIVILEGIO de caminar.

Mi marido fue diagnosticado de ELA en noviembre de 2017, a los tres meses de comenzar a preparar la oposición. En abril de 2019 tomé posesión en un OOAA en Madrid. Él comenzaba a necesitar silla de ruedas. Allá nos desplazamos con la esperanza de tener aun tiempo para disfrutar de esa ciudad. Y aprendimos mucho.

Aprendimos lo difícil que es encontrar piso en alquiler en una ciudad como Madrid donde ya es difícil de por sí. Nuestras posibilidades se veían reducidas significativamente  por ser pocas las viviendas ofertadas con accesibilidad y ascensor. Aprendimos que nuestro presupuesto iba a resultar insuficiente por ello. 

He leído estos días que con motivo de la crisis por la pandemia, muchos locales en alquiler se están adaptando a vivienda y que sus potenciales clientes serían personas con dificultades de movilidad. No hay mal que por bien no venga ;) Noticia en La Vanguardia

Más limitaciones para encontrar piso: tenía que estar próximo a la Línea 1 de metro, la única en la que gran parte de las estaciones son accesibles. Accesibilidad Metro de Madrid

Aprendimos lo complicado que puede ser viajar en metro. Teníamos que organizar la salida en horas que no fueran punta, para poder acceder al vagón de cabecera con seguridad (¡Impagable la amabilidad de muchos de los conductores y conductoras de metro ayudándonos!). Debíamos prever el tiempo suficiente para poder dejar pasar aquellos trenes cuyo vagón de cabecera no dispusiese aún del espacio para la silla con las sujeciones necesarias, etc. Incluso “haciendo los deberes” vivimos situaciones que nos hacían sentir impotencia ante gente que se metía rápidamente en el vagón ocupando ese espacio por el que a lo mejor habíamos esperado tras pasar tres trenes sin él; o durante el trayecto, las miradas hostiles de aquellos que consideraban que ocupábamos demasiado sitio tal vez. Terminamos por limitar a lo imprescindible su uso con lo que cada vez era más difícil convencerlo para salir de casa.

Hacer la compra. No es fácil empujar a la vez una silla de ruedas y un carro de la compra. El regazo de mi marido servía en muchas ocasiones para ir poniendo los productos…lo que ponía muy nervioso, cosa que comprendo, al servicio de vigilancia que nos hacía un marcaje férreo en todo nuestro periplo ;)  Cuando conseguimos la silla eléctrica ya solo lo seguían por exceso de velocidad mientras yo hacía que no lo conocía.

Aprendimos a caminar por una u otra acera en función de si al final y al principio (era gracioso encontrar que a veces en la acera de enfrente no había) de cada manzana había rebaje para cruzar, y a pesar de eso, en ocasiones teníamos que dar vuelta porque un coche había sido aparcado encima de la acera y nos era imposible pasar por el espacio qué había considerado dejar o simplemente ni siquiera pensó en que alguien pudiese tener dificultades ante su decisión.

Tomar una cervecita en una terraza, ahí sí que teníamos ventaja jeje, sólo necesitábamos una silla, y todos sabemos lo difícil que es hacerse con sillas en una buena terraza al atardecer.

Mi marido se fue hace seis meses. Entre otras cosas me ha dejado muchas ganas de ayudar a aquellos que lo tienen más difícil. Por eso estoy aquí, con mi reto semanal en este curso del INAP

FUNDAMENTOS SOBRE LA IGUALDAD DE TRATO Y LA NO DISCRIMINACIÓN

  Recordando lo vivido tras escuchar a Andrea Parra en su charla TED ¿Qué hago yo con mi privilegio?

Aprendiendo.

Mi chicarrón del norte, practicando derrapajes en un parque en La Gavia, Madrid. 

Motero hasta el fin 😍







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