En nuestra segunda semana de ruta estamos aprendiendo sobre las formas o tipos de discriminación.
He conocido la palabra CAPACITISMO, que aún no viene recogida en
el diccionario de la RAE, y con ella llegan más recuerdos y más darme cuenta.
Vuelve a mi mente mi marido.
Teníamos dos sumandos, la ELA, que se obstinaba en atrofiar su tejido muscular,
y un hábitat que había dejado de ser amigable con nosotros cada vez en más
ocasiones. Sin saberlo estábamos aprendiendo lo que era el CAPACITISMO.
Y pensando en esas ocasiones, olvidé
mencionar en mi enumeración de la semana pasada nuestras experiencias con los
baños, especialmente en carretera. Ignoro cómo, quién o quienes, consideraron válido ubicar un aseo para personas
con discapacidad dentro del destinado a hombres o dentro del destinado a
mujeres, en lugar de habilitar un tercer espacio, independiente del género (he
aprendido también esta semana la diferencia entre sexo y género). Mientras no
nos hicimos un “mapa” tuvimos que volver al circo de montar en el coche en unas
cuantas ocasiones y seguir ruta hasta otro en el que pudiésemos entrar los dos
(imprescindible la ayuda a partir del segundo año de enfermedad) al baño sin sentirnos violentos. Sí, te miran mal
cuando entras en un baño que no es el convencionalmente tuyo (me estoy dando
cuenta de que esto es lo que deben vivir las personas trans como Gabriel Delgado,
por cierto, muy ilustrativa su
entrevista en prensa y este blog titulado Materiales para la convivencia escolar que encontré buscando conocerlo más).
Sigamos con nuestra nueva palabra, CAPACITISMO.
Encontramos en la Wikipedia :
“las personas «capacitadas» son la norma en la sociedad y las personas con discapacidad o con diversidad funcional deben adaptarse a la norma o excluirse del sistema social capacitista. El capacitismo se manifiesta por ejemplo en la configuración del espacio urbano, especialmente en los edificios y medios de transporte públicos, que no se encuentran adaptados a la movilidad de personas con diversidad funcional”.
Sigo en la carretera y encuentro un proyecto de investigación encuadrado en el
cuyo protagonista, el CAPACITISMO,
según estas investigaciones, está impidiendo la plena implantación y cumplimiento de
La CONVENCIÓN SOBRE LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD
aprobada por la Asamblea General de la ONU el 13 de diciembre de 2006
Transcurrida una década de su ratificación por España, el 9 de abril de 2008, se inicia este proyecto de investigación con el objetivo de “identificar las barreras que afectan a su implantación y cumplimiento, y provocan, en consecuencia, la violación de los derechos humanos de las personas con discapacidad, establecidos en ella.
Las razones que se suelen alegar para
explicar la implantación deficiente y el incumplimiento de la Convención son de
diferentes tipos: legislativas, políticas, técnicas o formales, e incluso
económicas en periodos de crisis. En este proyecto planteamos investigar acerca
de una cuestión que no ha sido considerada hasta el momento como una posible
razón de ese incumplimiento: la influencia del capacitismo.”
“…estudiar en qué medida el capacitismo es
una de las razones del incumplimiento en España de la Convención, en cinco
ámbitos particulares, cuya importancia ha sido destacada en numerosos informes:
accesibilidad, educación, vida independiente, empleo y violencia contra las
mujeres con discapacidad".
Y tras
varios kilómetros, al superar una curva, me encuentro algo que me emociona, la
frase más sencilla y a la vez más expresiva:
Te invito a conocer a Geertrui Cazaux en esta amplia entrevista que le hace María R. Carreras en agosto de 2019 publicada en El Salto, donde además de profundizar en el CAPACITISMO, nos habla del "body shaming", (avergonzar a alguien por su cuerpo) y de "health shaming" (avergonzar a alguien por una aparente falta de salud, actitudes que encuadran perfectamente en la gordofobia . También nos habla del término "porno inspiracional", la sinécdoque de la discriminación, la reducción de una persona discapacitada a su discapacidad, haciéndola su seña de identidad.
Cuando llegué a las microagresiones en el lenguaje capacitista, el utilizar adjetivos sobre la discapacidad como insulto o en chistes con ánimo denigratorio, pensé en nuestra herramienta para ser capaces de hablar de lo que nos estaba pasando. Hacíamos chistes entre él y yo, bromas macabras incluso. Me acuso, yo también, sin saberlo, sin imaginar siquiera que pudiera estar haciéndole daño.
Aprendiendo.
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